28 sept 2011

Una vez dentro, no hay escape



— ¡Muévanse imbéciles, hagan lo planeado! — Ordenó el Líder del grupo — Manuel Salvadillo —  desde su hogar, la voz se escuchó en toda la gran mansión, el Líder nunca mostraba la cara a sus sicarios , solamente Dairem sabía cómo era pero lo mantenía en secreto,  el líder solo se limitaba a ladrar órdenes desde su hogar lejos de la base. Varios hombres se movilizaron a su señal; Dairem abrazó sus piernas y escondió su rostro entre ellas, se encontraba sumamente cansado, no había podido dormir desde hace tres días y su cuerpo le estaba comenzado a pasar factura. Unos minutos después el chico se encontraba solo y adolorido, apenas terminaban de usarlo, el líder daba órdenes y era abandonado a su suerte sin que nadie se preocupase por su salud o por sus pesadillas recurrentes.
***
Dos años antes Dairem era un niño cualquiera que vivía con sus padres.
— ¡Es un fenómeno!, ¡No es posible que  yo le haya dado a luz! — Exclamó una mujer morena, alta y corpulenta golpeando la mesa con los puños cerrados.
— No digas eso…es nuestro hijo, estuve en la sala de partos cuando le diste a luz — Trató en vano un Hombre escuálido y de menor estatura de calmarla. — No hagas escándalo Mujer, debes evitar que los vecinos se enteren, si lo mantenemos en secreto no habrá problemas — agregó el Hombre tomando las manos de su esposa, ella le miró con chispas en los ojos, zafó sus manos de entre las de su marido.
— ¡Encerrarlo o matarlo!, cualquiera de las dos, no aceptare más opciones — Declaró la mujer cruzándose de brazos, el hombre asintió con la cabeza y la abrazó.
El aludido miraba por la rendija de la puerta desde su habitación; él no tenía idea de lo que discutían sus padres, no lograba escuchar con claridad la plática, pero sabía que sus días en aquella casa estaban contados. Cuando tenía 6 años experimentó su primer atisbo de poder, pero al no ser tan problemático sus padres no se percataron; la situación se volvió más evidente desde que cumplió los 12, ya que sus poderes se estaban desarrollando más y lo que antes percibía esporádicamente, ahora era más frecuente al grado de provocarle pesadillas al menos una vez a la semana.
Sus padres optaron por Encerrarlo y no dejarle salir de casa, le proporcionaron un profesor particular al cual instruyeron de no tocar a su hijo pretextando que éste tenía problemas nerviosos.
Un año pasó Dairem en esa situación, miraba siempre por la ventana esperanzado en que algún día saldría y jugaría como los demás niños, pero sus padres cada que lo cachaban fisgoneando lo castigaban. Para Dairem todo en su vida estaba establecido, tenía un horario, rutinas, no podía realiza alguna otra actividad que no estuviese establecida de antemano.
Un día el chico ya se había hartado de las reglas exageradas en su hogar, no veía problema en poder ver más allá de lo que alguien común pudiese, no se consideraba un fenómeno, pero por si las dudas, evitaba tocar a sus padres, temía ver algo desagradable.
— Vendrán visitas dentro de media hora, así que si quieres andar por ahí paseándote, evita que te vean, no quiero tener que explicar por qué no estás muerto — Dijo la madre del chico desde el marco de la puerta sin mirarle, Dairem asintió y no respondió, en su cabeza ya había comenzado a maquinar su plan de escape, si sus padres no le querían, entonces no tenía sentido seguir allí.
Dairem se hubiese mantenido en su habitación durante el tiempo de visita, pero su estómago lo traicionó gruñendo indicando que debía alimentarse, sigilosamente salió del cuarto, se escabulló hasta la cocina.
— Nadie me vio…que suerte — se dijo así mismo mientras abría el refrigerador, el sonido de unos pasos le hicieron sobresaltarse y voltear hacia la puerta.
— Así que tú eres Dairem, he oído hablar de ti y de tus extraños poderes — Dijo un hombre desconocido adentrándose a la cocina con una sonrisa maliciosa dibujada en sus labios.
Dairem cerró el refrigerador y dio unos pasos hacia atrás acercándose al set de cuchillos de cocina.
— Tranquilo chico, no te haré daño, puedo sacarte de aquí — Agregó el hombre sacando un cigarrillo de alguna bolsa secreta del saco.
— Eres peligroso — murmuró Dairem extendiendo la mano derecha en búsqueda de algún cuchillo cercano, ahora que necesitaba a sus padres, estos no acudían a él, en ese momento se dio cuenta que la casa se encontraba en silencio.
— te has dado cuenta…verás, he estado buscando a tu madre desde hace mucho tiempo, la mujer logró esconderse por 13 años, pero la he encontrado, y con ella a ti — Dijo el hombre dándole una calada al cigarrillo.
Dairem se dio cuenta que el tiempo en aquella casa se había agotado y ahora no podría escapar del hombre delante suyo, resignado se acercó a él.
— Buen niño, buen niño — susurró Salvadillo acariciando la cabeza de Dairem cariñosamente.
***
 El trabajo de Dairem era sencillo pero muy agotador, debía realizar al menos de 4 a 7 sesiones por día, luego de dos años se había acostumbrado pero aun así era demasiado para él, todas las noches luego de ver futuros terroríficos terminaba en cama con fiebre y pesadillas. Manuel Salvadillo pasaba a visitarle de vez en cuando, él era la única persona que le trataba como un ser humano en aquella enorme mansión, Dairem desarrolló un sentimiento de fraternidad hacia aquel cruel líder.
Ese día Dairem había terminado su última sesión, tenía el herido y magullado, entre más crecía, podía sentir las emociones y acciones en carne propia; la última visión de un campo de cuerpos degollados, amputados y sangre le hizo correr por toda la habitación desesperado para al final desplomarse y caer de lleno en la losa fría, una nueva herida se sumó a las muchas que había sufrido durante ese año, algunas visiones le hacían tomar objetos y lastimarse con ellos para quitarse los dolores o a agresores de encima.
— No soporto seguir viéndote de esta manera, tu poder no debe de ser usado de ésta manera, ellos pueden pedirle a alguna mujer que les lea las cartas para cumplir sus propósitos — Comentó Adam, uno de sus guardias que siempre le curaba las heridas luego de las terribles sesiones.
— Aquí sirvo y no soy un fenómeno como en el mundo exterior, Manuel me dio una nueva vida — Dijo en voz baja Dairem cerrando los ojos, el dolor de la penúltima herida le estaba molestando.
Adam terminó de vendar la muñeca de Dairem, guardó los instrumentos utilizados en el compartimento correspondiente y tomo asiento al lado del  chico en la orilla de la cama.
— Dairem, esta no es vida, tienes catorce años y pareces un cadáver, no sé cuántos huesos te has roto estos últimos meses, llevas gritando por las noches dos semanas seguidas — Replicó Adam entrelazando sus manos detrás de su propia nuca.
Dairem se mordió el labio inferior, sabía que eso no era vida, pero a pesar de su horrible trabajo, vivía cómodamente, siempre tenía comida, cama limpia y cariño de la persona que más necesitaba.
Adam suspiró pesadamente y movió la cabeza de derecha a izquierda.
— Sé que moriré si hago esto, pero no tengo otra opción — murmuró poniéndose de pie, encaró a Dairem.
— ¿de qué hablas? — preguntó Dairem confuso mirándole fijamente, Adam tomó del rostro al menor.
Dairem trató de apartarse para evitar la visión pero fue en vano, ella ya había entrado en él. Las imágenes de Adam suplicando por vida le dolieron en lo más profundo de su ser, las lágrimas se derramaron por su rostro sobresaltando a Adam.
— Como pensé, moriré, aunque de todos modos mi tiempo está contado — dijo Adam soltando el rostro de Dairem. — escucha bien Dairem, dentro de unas horas tendrás la oportunidad para escapar, debes dirigirte al sur, la cafetería “Paraíso secreto”, ahí encontrarás personas que te comprenderán más de lo que estos animales lo hacen, solo tienes una oportunidad, debes irte sin mirar atrás, olvídate de todo lo que viviste aquí y haz una nueva vida, una real, no una ficticia como ésta — agregó el joven sonriendo ampliamente para luego despedirse con un ademán de mano y dejar a Dairem sumido en sus pensamientos.
Esa misma noche el chico se escapó de la mansión, Adam le ayudó con el escape. Dairem se dirigió a donde Adam le había indicado, ahí encontró más personas con poderes similares a él, personas que pertenecían a la sociedad de humanos con poderes extrasensoriales.
Los años pasaron y Dairem cumplió los 21, aprendió a manejar su habilidad y descubrió que podía bloquear emociones que no quisiese y ver sin que se agotara tanto como años antes.
— Dairem, ve por la cena — Dijo Yulianne, una chica que había ingresado a la sociedad hace poco y con la cual él mantenía una relación amorosa.
Dairem rodeo de la cintura a la chica y la atrajo hacia sí.
— claro cariño, tu ordena, yo obedezco — bromeó el joven juntando su nariz con la de ella — te amo — agregó mirándola a los ojos. Yulianne sonrió ampliamente y le dio un beso en los labios.
— Ya vete, tendremos problemas si llegan los demás y no está lista la cena — Ordenó Yulianne empujando sutilmente a su pareja, él asintió con la cabeza y salió de la cafetería.
Como la tienda se encontraba a unas cuantas cuadras decidió irse caminando, sonrió complacido, su vida no podía ser más perfecta, ya lejos de la cafetería y de la zona sur a una cuadra después, se desplomó el cuerpo inerte de Dairem, el final había llegado, el chico lo supo desde un principio pero no trato de evitarlo, después de todo una vez que entrabas a la mafia, no podías salir, al menos no con vida.
FIN

25 sept 2011

Destino



Destino


Natasha era una chica que siempre había creído en los amores a primera vista y en la historia del hilo rojo del destino, la cual en breves palabras indica que todas las personas están atadas a otra persona por el dedo meñique con un hijo rojo invisible; aquella persona que lograba encontrar la otra parte del hilo, estaba destinada a un romance eterno.


— Se está moviendo — murmuró Carolina, una chica que desde principio de año se hizo mejor amiga de Natasha; Carolina era una chica misteriosa y taciturna, al ser la chica de origen Chino podía ver de vez en cuando el hilo rojo en el dedo de las personas.


La chica de cabellera cobriza dejó el libro que se encontraba leyendo para prestar atención a su alrededor y buscar a la persona que había hecho reaccionar su hilo.


— El chico de sudadera roja, él es quien hace reaccionar el hilo — Indicó Carolina señalando con el dedo al chico antes mencionado, Natasha posó su vista en el chico.


Adriel era el joven más antisocial de la clase, a su alrededor siempre se encontraba una barrera invisible que impedía a las personas cruzar y hablarle, salvo esa mañana que sintió un extraño movimiento en su dedo meñique.


≪ ha vuelto a moverse por secunda ocasión el día de hoy, deberé ir al doctor a checarme ≫, pensaba el pelirrubio mirando fijamente su dedo meñique. Absorto en su pensamiento y con la vista fija en su dedo no se percató cuando un par de chicas se acercaron a él rompiendo, por vez primera, la pared invisible que yacía forjada alrededor de él.


— Soy Carolina — se presentó la chica de ojos achinados extendiendo la mano en dirección a Adriel mientras que Natasha se quedó en silencio mirándole por encima del hombro de su amiga.


— Ella es Natasha — señaló Carolina a su tímida amiga tras ella, la cual sonrió y agitó la mano de un lado al otro a modo de saludo.


Adriel miró a ambas chicas con el ceño fruncido, no le agradaba que las personas traspasaran la línea imaginaria que hacía tiempo tenía en torno a sí.


—Adriel, ¿quieren algo? — Dijo el chico mirándolas fijamente, sobre todo a la chica tímida, la cual lo miraba como si quisiese algo de él.


Carolina señaló a Natasha — Ella quiere ser tu amiga — dicho esto emprendió la retirada dejando a Natasha sola con el chico.


Adriel la miró de arriba hacia abajo, Natasha se revolvió nerviosa al sentir la mirada escudriñadora por parte del chico.


— ¿Te quedarás ahí parada? O ¿hablarás de algo? — preguntó Adriel rompiendo el silencio que empezaba a forjarse entre ellos dos, Natasha negó con la cabeza enérgicamente.


— Perdona, Carolina es mi única amiga, y es la primera vez que hablo con un chico — respondió Natasha sonriendo nerviosamente, Adriel la miró unos segundos aún con el ceño fruncido para luego sonreír.


— Tranquila, tampoco tengo muchas amistad, al menos en esta escuela no, no sé porque razón las personas me dan la vuelta — Dijo el chico apoyando sus codos en el pupitre para luego entrelazar sus manos y apoyar su barbilla en ellas.


— Me pasa lo mismo, con Carolina fue diferente ya que ella era igual de antisocial que yo — comentó Natasha tomando asiento en el pupitre al lado del chico.


Desde ese día inicio una estrecha amistad entre Adriel y Natasha, en la cual Carolina participaba de vez en cuando; el hilo que antes se había movido y había conducido a Natasha hacia Adriel ahora estaba totalmente quieto pero ella no le tomó importancia, ya se llevaba con el chico destinado, el amor llegaría prontamente.


Los meses pasaron y la relación entre Natasha y Adriel no cambió en lo absoluto, se veían en clases, charlaban, Adriel acompañaba a la chica a casa, Carolina se había rezagado por cuenta propia, los tres chicos cuando podían salían al parque, el cine, como viejos amigos de infancia, hasta que un día algo cambio entre ellos.


Ese día Carolina, Natasha y Adriel se habían citado en el acuario de la ciudad, Adriel y Natasha habían llegado al a hora, pero Carolina aún no había llegado.


— Qué raro, ella siempre llega primero — comentó Natasha mirando hacia todas direcciones esperanzada en visualizar a su amiga.


— mmm… ¿le has hablado al celular? — preguntó Adriel mirando de igual manera hacia todas direcciones.


Natasha negó con la cabeza y sacó el celular, marcó el número de carolina pero nadie contestó, preocupada marcó nuevamente.


Adriel observaba sus movimientos con evidente ansiedad la cual Natasha pasó por alto en su preocupación por Carolina. Marcó varias veces pero en ninguna su amiga contestó, había pasado ya una hora desde que esperaban a la chica.


— En fin…vamos nosotros — Dijo Adriel dándose la vuelta y comenzado a caminar en dirección al acuario. Natasha se percató de la situación, sin su amiga ahí, aquello podría tomarse como una cita, su dedo meñique se movió a lo que Natasha sonrió complacida, tal vez ese día sería su tan esperado inicio de romance.


Caminaron por el acuario uno al lado del otro, comentando sobe los peces, quedándose varios minutos mirando ciertas peceras.


— Natasha, tengo algo que decirte — dijo Adriel tomando asiento en una de las bancas que se hallaban dentro del recinto para descanso de los turistas, Natasha tragó saliva, todavía no se había preparado mentalmente para la declaración de amor.


— Claro, ¿Qué es? — preguntó la chica sentándose al lado de él con las manos aferradas a sus rodillas.


Adriel suspiró profundamente y volteó a verla con las mejillas teñidas de carmesí.


— Me gusta Carolina — confesó mirándola fijamente para luego bajar la cabeza y esconderla entre sus manos — ¡qué pena decirlo! — exclamó azorado moviendo la cabeza de un lado al otro.


Natasha se quedó perpleja ante lo que había escuchado, aquel chico que supuestamente era su destino le decía que gustaba de su mejor amiga, se levantó de la silla.


— Ah…y yo que pensé que esto podría haber sido una cita y que hubiese sido el momento perfecto para declararme, pero ahora no hay sentido alguno — Dijo Natasha aguantando las lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos, en ese instante el hilo que antes había reaccionado con Adriel se rompió.


Adriel se sorprendió al escuchar lo que decía Natasha, a pesar del tiempo juntos, no se percató de sus sentimientos, de inmediato se sintió culpable.


— yo…no sé qué decirte…perdón — dijo Adriel bajando la cabeza, al escuchar la última palabra del diálogo del pelirrubio Natasha sintió que algo dentro de ella se destrozó con un “crac” incluido, había sido su corazón.


El celular de Natasha sonó rompiendo la atmosfera depresiva del momento, Natasha cogió el teléfono, al otro lado de la línea Carolina le hablaba, pero ella al escuchar su voz le pasó el celular a Adriel.


— aprovecha, dile que la veras dentro de un rato — Dicho esto Natasha dio media vuelta, secó las lágrimas con sus manos, las cuales ahora caían si querer parar — mañana en clase le das a carolina mi celular para que me lo devuelva — agregó despidiéndose con un ademán de mano para luego salir del acuario a paso veloz.


Desde entonces Natasha dejó de creer en el hilo rojo del destino y se olvidó de los romances de cuentos de hadas, Adriel y Carolina se volvieron pareja pero Natasha no volvió a hablarles, había perdido a su mejor amiga y al chico que quería, pero eso no le importaba, ya había un vacío en su corazón que no en el futuro podría llenar alguna vez.




FIN

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