25 feb 2013

Idea de cuento 3



El sonido del celular me despertó del sueño que al fin había logrado alcanzar, una semana entera de estresantes exámenes aunado a Danial que no cerraba la boca y si osabas cerrársela no te lo quitabas de encima por el resto del día no me habían permitido cerrar los ojos ni cinco segundos; por suerte ese día Danial había decidido dejarme solo para descansar. Abrí los ojos con pereza dispuesto a lanzar el celular por la ventana, pero un número familiar me impidió hacerlo.
     Mamá ¿Qué es tan urgente para hablarme a esta hora? — respondí al celular mientras miraba el despertador que marcaba las 3:00 am.

     Hijo ¡Cuánto lo siento! —los sollozos del otro lado de la línea se hicieron presentes, la voz de la que reconocí como mi hermana calmando el llanto de mi madre logró que despertara por completo, me senté a la orilla de la cama.

     ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras mamá? —pregunté confundido y algo preocupado, que tu madre te hablara en la madrugada llorando no era un buen indicio.

El llanto de mi madre me impedía entender lo que trataba de comunicarme, me quedé en silencio a la expectativa de la respuesta.
—Hermano, recibimos una llamada de la madre de Danial, dice que tuvo un accidente  y está muy grave. Está en cirugía ahora mismo, la madre del chico quiere que estés ahí cuando él despierte—Dijo mi hermana con voz presurosa — si es que lo hace—agregó en voz baja para luego decirle algo a mi madre que no entendí y regresar al teléfono —no te quedes como idiota esperando ¡corre al hospital! —dicho esto la llamada se cortó.
No sabía cómo reaccionar, era de madrugada tal vez mi hermana y madre estaban jugando una broma pesada, horas atrás había hablado con Danial y ¿ahora decían que estaba en cirugía? La cabeza me comenzó a doler, podía sentir como las punzadas recorrían mis sienes y bajaban por la mitad de mi rostro. Mi respiración comenzó a agitarse y las lágrimas comenzaron a caer, el hombre del cual me había enamorado se encontraba entre la vida y la muerte, no podía seguir estando quieto sin hacer nada, a pesar del dolor punzante me levanté y con una velocidad sorprendente estuve listo para ir al hospital.



Alexander había conocido a Danial en la primaria pero no cruzaron palabra hasta la secundaría que compartieron un amigo en común, desde entonces se habían vuelto inseparables, eran chicos totalmente opuestos, Alexander el clásico popular y Danial el nerd de gafas.
Alexander desde pequeño conocía sus preferencias, no había dudado en plantarse frente a sus padres y decir que le gustaban los niños, la noticia fue tomada de manera tranquila, después de todo sus padres habían sido precursores del movimiento hippie y de apoyo a la diversidad en su juventud, por lo que ser homosexual no había sido problema en casa para Alexander, aunque lo mantenía oculto puesto que sabía que había niños y adultos que no lo aceptarían prefería mantenerse discreto.
Fue hasta segundo de secundaria que Alexander se dio cuenta de sus sentimientos por Danial, reacio a que el otro se enterase los mantuvo ocultos hasta que se graduaron.  En la preparatoria fueron separados y cada uno estudió en una academia diferente, Alexander aún seguía pensando constantemente en Danial, durante su primer año se hizo de amistades a las cuales le confesó su amor por su amigo distante, sus dos mejores amigos en eso entonces lo convencieron para declarar sus sentimientos y después de mucho pensarle un día se atrevió a hacerlo dándole un resultado inesperado: Danial aceptó sus sentimientos y aceptó salir con él. Alexander desde ese día sintió que el gusto por Danial se había transformado en algo más fuerte, sentía que estaba en el éxtasis de la vida hasta que Danial sin haber pasado tan siquiera la semana lo cortó por Messenger. Alexander vivió un periodo de depresión que lo hacía llorar todas las noches y mirar la vida como algo más en su existencia, las ilusiones que había creado hacía el amor se destruyeron y dieron paso a las contrarias de desesperanza, desilusión y resentimiento.
Pasaron dos años, durante ese tiempo Alexander procuro evitar contacto alguno con Danial, pero él no se lo permitía, no había fin de semana que no lo viera por la excusa de amistad en común. Así entre un vaivén de emociones vivió Alexander, no pudo pensar en ninguna otra persona para posible pareja y se enfocó en sus estudios como nunca lo había hecho.
Al finalizar la prepa, Alexander se enteró de los amoríos de Danial, lo cual afectó su ya de por si desilusionado corazón, a pesar de eso, recibió una  confesión de Danial que le hizo volver a caer en aquella emoción que bien sabía sería desastrosa, ya lo había sido una vez.
Esta segunda vez Alexander no se entregó por completo, solamente aceptó por mera curiosidad , y como había esperado al poco tiempo Danial lo volvió a dejar, esta vez no lloro ni se deprimió, sencillamente decidió no aceptar una tercera si es que solía ocurrírsele a Danial, reprimió sus sentimientos y los metió dentro de una caja y escondió al fondo de su corazón.
Su relación con Danial siguió como antes, Alexander siguió tratando de evitarlo pero todo era en vano, Danial encontraba excusas ideales para que su relación no se cortara, al menos no la de amistad. Fue hasta que Alexander cumplió los 23 que Danial volvió a proponerle salir, Alexander pensó no aceptar pero Danial con argumentos bien elaborados no se lo permitió, creyó que si esa vez no funcionaba aplicaría la ley de hielo a Danial, aunque su corazón se marchitara con ello.
El primer mes de relación Alexander esperaba que Danial en cualquier momento lo dejara, pero no ocurrió, sorprendido optó por dejarse llevar un poco y que sus sentimientos afloraran; fueron bien recibidos por Danial y luego de 1 año de relación Alexander captó que el otro no planeaba dejarle. Entonces a pesar de las dificultades que sufrían al tener familias opuestas, sobretodo en ideas sobre la sexualidad humana, mantuvo en secreto su relación.
Alexander aplicó para la universidad de Psicología y Danial para una de informática, por lo que siguieron estudiando separados, pero luego de 3 años de relación decidieron vivir juntos, con ayuda de la madre de Alexander y trabajos de medio tiempo de ambos lograron conseguirse un departamento y comenzaron su vida de pareja.


Llegué al Hospital con una sensación de mareo latente en mi cabeza, se había formado un nudo en mi garganta, sentía ganas de llorar pero no salían las lágrimas, estaba desesperado. Busqué a los familiares de Danial, al encontrarlos me di cuenta que ellos seguían viéndome como el ladrón de su único hijo, el hombre que arrastró a su hijo a las llamas del averno. La sensación de recelo aplastante que emanaba de aquellos rostros llorosos, ojerosos y de miradas penetrantes se clavó por todo mi cuerpo, haciendo caso omiso con todas mis fuerzas pregunté el estado de Danial.
     Buenas madrugadas señora Claurence, señor claurence — saludé acercándome a cada uno para saludarle de beso, un rechazo evidente se hizo presente, ambos me voltearon a ver y luego como si fuese peste giraron la cabeza.
Una parte de mí se sentía culpable por aquella pareja, si bien había de alguna manera robado a su único hijo, también había traicionado la confianza que ellos habían depositado en mí, el mareo se hizo mayor, tuve que tomar asiento y respirar unos segundos.
     ¿Cómo se encuentra Danial? ¿ya salió de cirugía? — pregunté desde la silla de espera a la madre de Danial, ella me miró unos segundos, suspiro y negó con la cabeza.
     Lleva apenas una hora dentro, los doctores dijeron que era muy grave — Dijo el padre de Danial sin mirarme con tono serio.
Mi desesperación aumentó, ahora sabía que Danial había tenido un horrible accidente y yo lo último que había hecho antes de que saliera de viaje con sus amigos había sido sacarlo de casa con una actitud déspota. Me sentía culpable ahora de la situación del hombre a quien amaba, mi corazón se contrajo y por un momento sentí que dejé de respirar, cerré los ojos y eché la cabeza hacía atrás en la silla.
     Alexander, gracias por venir, seguimos molestos contigo por haber ocultado tu relación con nuestro hijo, pero ahora sé que es seria — Dijo repentinamente la madre de Danial cerca de mí, abrí los ojos y la encontré sentada en la silla contigua.
     Siempre la ha sido señora — contesté con un tono tranquilo.
   Me sentía un poco más ligero en ese momento, parecía que los padres de Danial me aceptarían al fin, ahora quedaba una cuestión, Danial seguía en cirugía y ningún doctor había salido de la sala para avisar el éxito de dicha cirugía, yo quería creer que sería un éxito puesto que no pude en ese momento imaginar mi vida sin Danial.
Estuve en el hospital cinco horas más, hasta que a las 9 de la mañana salió un doctor indicando el estado de Danial, la cirugía había sido un éxito pero el cuerpo de Danial no la había soportado por lo que había fallecido hace unos minutos en la cama de operaciones.
Solamente escuché que Danial había fallecido y mi mente se quedó en blanco, dejé de escuchar las palabras de los padres de Danial que gritaba el padre furioso alguna queja contra el doctor mientras que la madre se había sentado en una silla y lloraba desconsoladamente. Miré hacía todas direcciones sin reconocer en donde me encontraba, sentí un golpe en mi pecho, algo similar al sonido de un “crack” emanó de mí, comencé a reír, debía ser una broma de mal gusto, no podía creer que Danial había muerto de un momento a otro cuando lo había visto el día anterior con su rostro en puchero mientras se despedía de mí y luego su sonrisa alegre al entrar al auto de sus amigos.
Todas las ilusiones que había creado de una vida juntos hasta la ancianidad se destrozaron en un abrir y cerrar de ojos, ya no podríamos tomarnos de la mano al sacar a pasear a nuestra mascota, ni observar las estrellas en la playa en nuestro aniversario. Seguía riendo, carcajeándome mientras las lágrimas recorrían mis mejillas, mi cuerpo se movía de un lado al otro sin saber a dónde ir, sentí unas manos tomarme de los brazos y obligarme a sentarme, debatí contra aquellos que trataron de tranquilizarme hasta que de repente me lleno una sensación de tranquilidad y caí dormido.
Han pasado 60 años desde entonces, podría sonar loco e ilógico, pero desde Danial no he vuelto a tener pareja, nadie me ha interesado, me dedique a mis estudios y me volvió un psicoanalista mundialmente reconocido, gané varios premios por mis investigaciones, no había quien no me conociera, tuve el éxito que alguna vez desee en mi juventud pero se sintió vacío todo el tiempo, me alejé de mis amistades, de mi familia y de toda persona que me recordara a Danial.
Hoy me encuentro en mi sillón favorito mirando la biblioteca que logré conseguir, uno de mis más grandes sueños, pero ahora siento que todos esos libros no tiene sentido alguno.
—Danial, te hubiese encantado ver lo que logré, creías que no lograba lo que me proponía pero fue un error — me digo a mi mismo mientras cierro los ojos, coloque la música favorita de ambos, con la cual celebramos nuestro primer aniversario y me dejo llevar por el sueño que comenzaba  a meterse en mi cuerpo, con la imagen de tú sonrisa, Danial,  en mi mente al fin logro dormir.

25 ene 2013

Fairytale (Homoerótica Lésbica)


     Mucho gusto, Soy Ariel.
     ¿Cómo la sirenita?
     Así es, como ella. Solo que no soy pelirroja, ni tengo cola de pez.
     ¡Si la tuvieras sería terrorífico! Soy Julieta.
     ¿De Shakespeare?
     La misma, mi madre amante de Romeo y Julieta quiso ponerme como su personaje favorito.
Las risas se escucharon en el aire mezcladas con el sonido de los pasos, las voces y la orquesta de fondo. Julieta sostenía con fuerza la mano de Ariel, su pecho palpitaba acelerado y sus labios enmarcaban una grandiosa sonrisa. Ariel observaba a la chica de cabellera castaña con curiosidad de niña, aquellas dos coletas en las que recogía su ondulado cabello le parecieron algo inusual, aún sin saber su edad, calculaba que la lejanía generacional entre ellas no era demasiada.
Estuvieron en esa posición mirándose sin emitir palabra hasta que Ariel sintió una palmada en el hombro, reaccionó de inmediato y soltó la mano de Julieta.
     Que emoción, la presentación estuvo fenomenal
     Ni que lo digas, al público pareció haberle encantado nuestras actuaciones.
     Además de que ni cuenta se dieron de que una mujer hacía papel de hombre, todo por tu voz que no suena a la de una niñita

Las carcajadas volvieron a inundar el ambiente, Julieta se había quedado observando a la persona que hablaba alegremente con Ariel, era un chico alto, delgado de rasgos finos pero ademanes muy femeninos, le pareció algo diferente al único trabajador joven que tenía en casa, parecía más una mujer que un hombre. El chico acompañante de Ariel notó la presencia de Julieta, caminó hasta colocarse entre las dos chicas.
     Hola linda ¿Eres amiga de Ariel? Si es así…nunca te había visto…o ¡Ah, ya sé! Eres su nueva conquista.
     ¡Tony cállate! ¡La acabo de conocer!
     Entonces futura conquista, es tu tipo a decir verdad.
     ¡Con un demonio contigo, ve a hablar con la maestra y deja de perder el tiempo acá!

Con una mueca de insatisfacción Tony se alejó de ambas lanzando un beso volador a modo de despedida, Ariel suspiró pesadamente, Julieta miró al chico irse, no había comprendido las palabras, Ariel era una chica, ¿entonces porque habría de conquistar a otra chica?.

     No le hagas caso, le gusta fastidiar
     No comprendo…eres una chica ¿no?
     Sí.
     Y yo soy una chica…
     Creo que eso es obvio
     Entonces,  ¿Por qué dijo que seré tu futura conquista?, eso se usa para chicos con chicas. Y tú no eres un chico.
     ¿Es enserio? ¿Vienes de las praderas o qué onda?
     No, vivo en Montecristo

Ariel se quedó en silencio, no podía creer que conocería a una chica que nunca hubiese escuchado hablar de homosexualidad,  con su curiosidad en aumento decidió que debía relacionarse de una manera u otra con aquella chica.

     Saca tu celular te paso mi número

Julieta sacó de inmediato su celular y se lo tendió a la morena. Ariel apuntó su número y luego le devolvió el celular.

     Ahí tienes, ahora puedes contactarme cuando desees, tendré una fiesta con el reparto, ¿vienes?

Julieta estaba a punto de responder cuando la voz de su madre y padre a sus espaldas la hizo reaccionar, guardó presurosa el celular, se acercó a Ariel y le dio un beso en la mejilla.

     No puedo. Me tengo que ir. Me encanto tu actuación. Buenas noches.

Dicho esto Julieta se alejó caminando rápido de Ariel, encontró a sus padres y se fue del teatro junto con ellos tomada de la mano entre ambos como niña pequeña. Ariel la observó hasta que desapareció por la puerta, miró su celular y se recriminó mentalmente por no haberle pedido su número, pero al menos Julieta tenía el suyo y sentía que aquella chica la llamaría dentro de poco, era evidente que la curiosidad que le había despertado no la dejaría en paz, sonriente se dirigió con su grupo de teatro y se fue a la fiesta.

Julieta había recibido los regaños de sus padres por haberse alejado por mucho tiempo de ellos al terminar la obra, pero ella había salido disparada a saludar a los actores y sobre todo a la actriz que había hecho del Príncipe Enrique, personaje preferido del cuento de hadas de la “Cenicienta” que cientos de veces había leído en su biblioteca, y el cual soñaba alguna vez encontrar y vivir feliz por siempre como Cenicienta.

Después de ese día en el que había conocido a Ariel personificando a su adorado Príncipe, Julieta se pasaba las noches mirando su celular indecisa si hablarle o no, o cada que tenía un rato libre entre las clases privadas y las compras en donde su madre la llevaba aunque ella no quisiera por temor a dejarla sola en casa.
Desde pequeña no recuerda algún momento donde sus padres hayan hecho algo en común, siempre era solo con su madre o solo con su padre, en su infancia la nodriza encargada de ella la crio hasta los 10 años y después de  ese tiempo se volvió una sirvienta más, mientras tanto el padre se pasaba de viaje y regresaba una vez al mes con algún regalo de la ciudad que visitaba. El recuerdo de las discusiones a la hora de la cena le habían hecho tomar libros de la biblioteca y leerlos antes de dormir, sus favoritos eran los cuentos de hadas y las novelas rosas; durante ese tiempo tampoco podía salir de casa sin que alguno de sus padres la regañara y volvieran a discutir entre ellos, incluso cuando llegó una nueva sirvienta que tenía un hija de edad similar a la de ella, la despidieron al notar que ella y la hija de la criada estaban estableciendo un vínculo de amistad, los padres de Julieta creían que ella solamente debía codearse con las personas de alta sociedad y no debía  ni dirigirles la palabra a aquellos que consideraban prole.

A pesar de haber crecido en un ambiente donde no le permitían hacer nada que dañase su imagen, físico y estatus familiar ella encontró en la lectura de cuentos y novelas una burbuja donde todo aquello no le afectaba. Al cumplir los 16 se había quedado dormida y llegó tarde a su clase privada que tomaba en la biblioteca de su mansión, ese día su madre había tenido una reunión de té con sus amigas por lo que se encontraba ocupada en el patio trasero, su padre seguía de viaje en algún lugar de Egipto y las sirvientas estaban muy ocupadas haciendo sus quehaceres por lo que la casa se encontraba en el habitual silencio de todos los días, eso creyó hasta que a unos pasos de la biblioteca escuchó unos sonido que rompían con la armonía silenciosas. Curiosa se apresuró a la habitación sigilosamente y entreabrió la puerta, la escena que vio la dejó perpleja: La nodriza se encontraba sentada encima de su tutora mientras ésta recorría con la lengua el cuello de la mujer, la otra echaba la cabeza a un lado dejándose hacer, las manos de la tutora  se deslizaban de arriba hacia abajo por la espalda descubriendo la piel. La nodriza suspiraba y dejaba soltar algunos gemidos. Julieta temerosa de ser descubierta salió corriendo de regreso a su habitación sin cerrar la puerta de la biblioteca antes.
Al día siguiente se enteró de que habían despedido a ambas mujeres y ahora tenía asignada una nueva tutora. Aquella imagen a partir de ese día la comenzó a perseguir por las noches al ir a dormir, se imaginaba a ella siendo la mujer en el regazo de otra mujer de aspecto no familiar. A pesar de sentirse asustada por aquellos sueños que no comprendía, decidió no decir nada y seguir como antes. Así creció hasta cumplir los 18, había creído que aquellos sueños se habían esfumado hasta que conoció a Ariel. El sueño nuevamente recorrió su mente a la hora de dormir a pesar de haber leído “La bella y la bestia” antes de acostarse, ahora la chica que la sostenía tenía el rostro de Ariel.

Pasaron varios días, Julieta seguía soñando con Ariel y ahora miraba con mayor constancia el celular, seguía indecisa si hablarle o no, ese día se encontraba con su madre en el patio trasero tomando café. Su madre había citado a sus compañeras del Yucatán Country Club y le había dicho a su hija que la acompañase y ella había aceptado.
—Julieta querida ¿Qué harás en tu cumpleaños? ¿Algún viaje quizás?
—Oh no lo creo, no tiene tiempo para eso, tal vez una pequeña reunión hogareña y será suficiente ¿No es así hija?
—Estaba pensando en hacer una pequeña fiesta o salir al cine o algo de ese estilo…pero con una amiga.
— ¿Una amiga? ¿Quién es esa amiga?
     Es…la actriz principal de la obra que vimos la otra vez ¿recuerdas? La de la cenicienta.

     ¡Una actriz!


     Eso suena bien, deberías dejarla salir de vez en cuando con sus amigas, tiene 18 y es preocupante que no tenga novio, mi Claudia ya tiene prometido.

     No hemos tenido tiempo de ver esas cuestiones, Julieta puedes entrar si quieres, ya platicaremos lo de salir o no, a lo mejor invitas a tu amiga para una pijamada.

Julieta se levantó de la silla, se despidió de las compañeras de su madre y se retiró a  la biblioteca algo molesta, había querido salir para su cumpleaños, pero tal parecía que seguiría encerrada en la enorme casa que la rodeaba; pensó que había hecho mal en mentir con respecto a Ariel pero sabía que si decía que solo era una más del grupo no la hubiesen dejado tan siquiera dirigirle la palabra. En la biblioteca se encerró en el mundo de las novelas por unas horas, cuando regresó a la realidad ya había caído la noche, entonces bajó a cenar y luego de decirle a sus padres que si quería la pijamada pero que a la vez la dejaran usar la sala de cine de la mansión pudo ir a cama tranquila, ahora solamente le quedaba una cuestión, invitar a Ariel y que ella aceptara, pensó que tal vez le parecería infantil lo de la pijamada pero no encontraba excusas para que no sonará de niñas pequeñas.
Al día siguiente apenas abrió los ojos, tomó el celular y marcó el número de Ariel.
     ¿Quién es?

     Buenos…buenos días Ariel, soy Julieta…

     Ah…No sé quién eres, a ver permíteme te paso a Ariel. Ariel cariño te habla una tal Julieta.
Julieta alejó el teléfono de su oído para evitar que la mujer que le había respondido la dejara sorda, se extrañó por la palabra “cariño” usada por esa mujer hacía Ariel, tal como había ocurrido cuando la conoció Ariel tenía costumbres muy diferentes a ella.
     ¿Julieta? ¿y ese milagro? Creí que nunca me llamarías, había perdido esperanzas.
     Ariel buenos días, no he tenido tiempo…perdona.
     No te disculpes mujer, dime, ¿a qué se debe el honor?

Julieta se quedó en silencio unos momentos, la voz de Ariel la había hecho incorporarse en la cama y pegar la espalda al respaldo, su corazón saltaba desbocado en su pecho, sus manos comenzaron a sudar y ahora tenía vergüenza de preguntarle lo de su cumpleaños.
     ¿Julieta sigues ahí?
     Sí…Ariel, este fin de semana… ¿tienes algo que hacer?
     Mmm…deja pienso…no hay nada en la agenda, ¿por?
     Me preguntaba si quisieras venir a mi casa a celebrar mi cumpleaños, veríamos una película en la sala de cine que tengo y…
     ¿Y?
     Si quieres puedes quedarte a dormir, mi madre ha sugerido que haga una pijamada, ya le pedí permiso.
     ¿Cuántos cumples?
     19
     ¿Y aún haces lo que tu madre te dice?, yo a tu edad ya había salido de casa, rentaba un departamento con una compañera y estudiaba la carrera, trabajaba igual por las mañanas.

Julieta volvió a quedarse en silencio, no sabía que responder, sabía que era cierto que hacía todo lo que su madre le decía pero también creía que todo lo que su madre decía era para su bien, y hasta ese momento no le había decepcionado.
     No fue enserio tranquila, ya quedamos el sábado a las…
     6 de la tarde, será cena.
     Estupendo, nos vemos pues el sábado, ten un bonito día, te dejo, debo terminar unos proyectos.
     A las 6…oh, trabaja duro, nos vemos el sábado, ten un bonito día también.
     ¡Espera! Mándame la dirección en un mensaje, si no, no podré ir.
     ¡Claro! Te la mando, nos vemos.
     Nos vemos.

Y así Julieta terminó la conversación que se le había hecho muy corta, mandó de inmediato el mensaje con su dirección, deseaba escuchar más la voz de Ariel y una necesidad de verla se albergó en su pecho, sin comprender el motivo de esas sensaciones comenzó su día con una enorme sonrisa en los labios, sentía su humor por las nubes y que todo era perfecto y maravilloso.

La semana pasó volando, Julieta el sábado se había levantado temprano, aún no sabía que ropa ponerse y eso le preocupaba, luego de encontrar un vestido lila con encajes y unos flats que combinaran, se dispuso a seguir su día tranquilamente, a las 4:00 de la tarde comenzó con su arreglo personal, se bañó minuciosamente, se colocó el perfume más caro que tenía en su colección y se maquilló un poco, sentía que debía verse como una princesa, en algún momento del día la imagen de Ariel le llegaba como la de un príncipe en su caballo blanco.
A las 6 de la tarde Julieta ya se encontraba en el recibidor caminando de un lado al otro intranquila, su madre se había ido de compras y su padre estaba en su recámara mirando futbol en su pantalla LED de 80 pulgadas. Habían pasado unos minutos y Ariel no llegaba, Julieta había comenzado a sentirse deprimida, pensar en que no la vería nuevamente la hacía querer olvidarse de todo y encerrarse en su cuarto a leer, tan ensimismada se encontraba pensando en los motivos por atraso de Ariel que no se dio cuenta cuando el timbre sonó hasta que una mano se posó en su hombro.
     ¡Tierra a Julieta!

La voz familiar la hizo salir de si misma, se sorprendió al ver a Ariel enfrente de ella mirándola preocupada, una sonrisa iluminó el rostro de Julieta y sin pensarlo se lanzó a abrazar a la morena. Ariel no sabía cómo reaccionar, solamente se dejó abrazar.
      ¡Si has venido! ¡Me alegro tanto!
     Vamos ¿habías pensado que te dejaría plantada? ¡Imposible!, lo que sucedió es que no encontraba esta residencial.
     Con razón no llegaste a la hora.

Ya habiendo pasado su emoción al ver a Ariel, Julieta se separó de ella y la encaminó hacía una de las habitaciones de la mansión.
     Vaya que tienes casa grande, no es nada el departamento en el que vivo comparado con esto
     Bueno, a mi madre le gustan los lujos, a mi padre le da igual. Y yo solamente uso la biblioteca, el comedor y mi cuarto.
     Que desperdicio ¡habiendo tanto espacio! Ya podrías haber montado algún negocio casero.
     No necesito trabajar, aún soy estudiante y mis padres siguen pagando todos mis gastos.
     Oh si, muñequita de mami y papi lo olvidaba.

Julieta estaba a punto de quejarse cuando Ariel se detuvo y se la quedó mirando en silencio. Julieta sintió como su piel se erizaba ante la mirada, sus mejillas se sonrojaron obligándola a mirar hacía un costado. Ariel la observó de abajo hacia arriba con detalle, sonrió ampliamente y le extendió la mano.

     Que hermosa está usted el día de hoy bella señorita
Y Haciendo una inclinación siguió mirándola sonriente y con la mano extendida. Julieta vio en el gesto un aire de príncipe que la dejó perpleja, como hipnotizada por los ojos azules de Ariel, tomó la mano, un calor que la sofocaba desde las caderas hasta el cuello al tocar la mano de la actriz la hizo soltarla de inmediato, Ariel se extrañó pero no omitió comentario alguno. El padre de Julieta bajo en ese instante y al ver a su hija se acercó a ella con los brazos extendidos.
     Mi niña adorada ¡Feliz cumpleaños!
Julieta no pudo articular palabra alguna, su padre la rodeó con los brazos y ella hizo lo mismo, la mirada de Ariel la hacía sentirse emocionada y a la vez temerosa. Su padre fijó la atención en Ariel y le sonrió.
     Mucho gusto jovencita, estás en tu casa. Julieta mi amor iré a hacer algunas diligencias. Tengan una linda noche, diviértete con tu amiga hija.

El padre de Julieta salió de casa dejando a las chicas con los trabajadores de la mansión. Julieta aún nerviosa siguió con el plan que ya había establecido, primero verían la película, cenarían e irían a dormir. El plan se cumplió a la perfección salvo que Julieta cada vez quería conocer la vida, familia y todo sobre Ariel.
En la noche, después de la cena, ambas se encontraban jugando póker, habían ido al cuarto de juegos, lugar que Julieta no había pisado hasta ese momento.
     Si pierdes nos bañamos juntas, si no, cada quien por su lado.
     ¿Por qué el baño es lo que está a discusión?
     Porque me gustaría aprovechar que estoy en una casa que tiene jacuzzi con hidromasaje. Además de que sería padre bañarnos juntas, ¿es que nunca lo has hecho con otras amigas?
     No había invitado a nadie a casa, es la primera vez, además tengo tutora privada no salgo de casa más que en casos excepcionales como cuando te conocí, solo por insistencia mía de día y noche es que fuimos a ver la obra.

Después de la quinta jugada Julieta admitió su derrota; una hora después ya se encontraba en la habitación de baño con la toalla cubriéndole el cuerpo, sentía una pena terrible.
     Ay no seas, somos mujeres ¿Qué más vamos a ver?
La voz de Ariel se escuchaba un poco a lo lejos, el vapor ayudaba a que Julieta no pudiese ver a la morena.  Julieta sentía que sus mejillas se habían tornado carmesí nuevamente, su pecho la estaba martirizando con sus golpeteos y sus manos se sentían frías de nerviosismo.
Ariel harta de que Julieta no entrara, salió del agua y fue en busca de ella, sin dejarla escapar la tomó de la muñeca y la arrastró con todo y toalla dentro del jacuzzi. Julieta no tuvo tiempo de reaccionar cuando ya su cuerpo se había empapado, miró a Ariel algo molesta pero la sonrisa que ésta le colocó la volvió a hacer sentir indefensa.
     Has estado muy rara todo este tiempo ¿no te agrado o qué?
     No es eso…
     ¿No me digas que es porque estamos juntas en el jacuzzi? Si tanto te molesta que esté en la misma agua que tú por mi clase social entonces dilo y me salgo.
Al terminar la oración Ariel se levantó del agua dejando ver su desnudo cuerpo, las gotas caían por su cuello deteniéndose y deslizándose por sus senos, Julieta no pudo evitar observarla con el rostro en llamas, el color de su piel, mulata se veía aún más intenso ahora que no había nada que la cubriera; los ojos de Julieta pasearon por el cuerpo de Ariel notando cada músculo formado por el ejercicio antes de cada puesta en escena y se detuvieron en su formado trasero que ahora se encontraba apuntándola. 
     ¡No espera!

Haciéndole caso omiso Ariel salió del agua, tomó una toalla y se fue del baño. Julieta sintió ganas de llorar, había hecho que Ariel se enfadara con ella por un malentendido, sin esperar un segundo salió del agua, tomo una toalla y se dirigió hacia donde suponía que estaría Ariel, en su habitación.
Por suerte el baño en el que se encontraban, era el de su cuarto, por lo que a penas entro encontró a Ariel con la parte de abajo de la pijama puesta  y solamente el brassier en la parte superior.
Ariel dejó de arreglarse el cabello al ver en el reflejo del espejo a Julieta aún con la toalla cubriéndole. Sonrió y se levantó de su asiento.
Julieta sintió un escalofrío recorrerle al ver la sonrisa, iba a encerrarse nuevamente en el baño a cambiarse cuando Ariel la tomó de la mano y depositó un beso en el dorso de ésta.
     Sonrojada te ves hermosa, pero recién bañada haces que pierda la cabeza.
Sin dejarla responder, Ariel besó  a Julieta, en ese instante la puerta del cuarto se abrió, la madre de Julieta había regresado de compras y deseaba mostrarle lo que le había conseguido a su hija, soltó las bolsas de ropa y lanzó un grito que alerto a los sirvientes cercanos.
Julieta se separó de Ariel al escuchar la voz de su madre, la miró sin comprender el porqué de su rostro furioso, Ariel se alejó de Julieta.
—Señora, no piense nada malo, estábamos terminándonos de bañar…
—¡¿Cómo es posible!? ¡En mi propia casa y con una mujer! ¡Es inaceptable! Julieta vístete de inmediato y tu como te llames lárgate de mi casa.

Ariel suspiró pesadamente, se quitó la ropa de dormir y se colocó la de salir.
—Está exagerando, es de lo más natural besar a la persona que te gusta.
—Como te atreves…¡Arderas en el infierno!
Dicho eso Ariel abrazó rápidamente a Julieta y salió de la habitación y de la casa.
Julieta no daba crédito a lo que había pasado, tanto el beso como la reacción de su mamá sobrepasaban su cabeza, se sintió mareada por lo que tuvo que sentarse en la cama, escuchaba la voz de su madre diciéndole algo acerca de Ariel pero no oía nada más que lo que le había susurrado Ariel “Te amo”. Su cuerpo entero temblaba, lágrimas caían de sus ojos sin saber la razón, sus labios aún sentían el aliento de Ariel.
Pasaron los días, Julieta había entrado en un estado de depresión, su madre le había prohibido a partir de su cumpleaños socializar con Ariel  y salir de casa, no podía ni acompañarla de compras. Julieta se sentía prisionera y no había podido dejar de pensar en las palabras de Ariel y mucho menos en el beso que le había dado; recordó a su nodriza y tutora juntas, parecían elevarse en el aire, como si estuviesen en una nube disfrutando del amor entre ellas. Un día mientras miraba hacía el patio trasero a su madre reír con sus compañeras, le llego un mensaje.
“Julieta no soporto estar sin ti, fuguémonos, estoy en la parte de atrás de tu casa, ven y procura que no te vean”

Julieta sintió que todas sus emociones antes esfumadas regresaban, se levantó de inmediato del sillón y sigilosamente llegó a su cuarto, alistó una maleta con lo esencial y se dispuso a salir de casa excusándose con la sirvienta de que necesitaba aire fresco. Para su suerte su padre se había vuelto a ir de viaje y no regresaría en mucho tiempo. Su madre aún se encontraba ocupada atendiendo a sus visitas. Emocionada y con el corazón a flor de piel  corrió hasta la puerta trasera de la reja que protegía a la mansión, se escabulló del vigilante y logró salir de casa.
Del otro lado a unos metros Ariel la esperaba con uno de sus amigos y un carro convertible rojo.
—Princesa, vámonos a nuestro país de maravillas.
Julieta asintió al borde del éxtasis, corrió hacía Ariel y la abrazó con todas sus fuerzas. Ariel le correspondió el abrazo. Unos minutos después lo único que quedó de Julieta era una carta en su escritorio para sus padres y el humo del automóvil alejándose.



FIN

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