Te
contare una historia. Todo comenzó con una apuesta. La vida de aquel chico
había sido por mucho tiempo un juego de azar en el cual siempre perdía, por lo
que ya era una costumbre para él terminar en algún rincón medio muerto. Su vida
actualmente no ha cambiado mucho.
El día que nos conocimos, los dados
fueron lanzados dejando su existencia en mis manos, como siempre la fortuna me
había sonreído y no dudaría en cobrar el
premio mayor con esa alma. Esa exquisita alma…
Quería su poder destructivo; me había
enamorado de esa hermosa locura que vivía en lo profundo de su ser, tan
excitante, que me hacía desear estar vivo; aunque siendo un espíritu no podía
hacer mucho y menos teniendo un contrato de protección con él… pero él deseaba
alguien que lo quisiera, creo que nunca conoció el amor, aunque eso no importa.
No mal interpreten mis palabras, Andrei
nunca me cayó mal, era un buen chico y he de admitir que ahí radicó un gran
problema. El chico se ponía siempre al
servicio de aquellos que creía superiores, no podía evitarlo, era un alma tan
pura.
Nuestra relación no fue de amistad,
sólo lo utilizaba, él soltaba cátedra acerca de la moralidad mientras que por
mí cabeza solo pasaba dos ideas: la primera, no dudaría en sacarle jugo a su
cuerpo y divertirme con su débil mente manipulando sus emociones, después de
todo los hombres adinerados pagarían una buena cantidad por él. La segunda
simplemente acabar con su existencia.
Sus habilidades le hicieron ganar fama,
al menos tenía algo con que alimentarse y por ende alimentarme a mí.
No medí las consecuencias que eso
conllevaría, con el paso del tiempo él dejó de ser humano para transformarse en
un mero recipiente, una vasija. No imaginé que lo rompería a tal grado, aunque
aquello me colocaba las cosas más sencillas; estaba cansado ser con él un buen
chico, solo deseaba terminar con él y así obtener su poder.
Ahora sería yo el que le ordenase, él
haría todo lo que a mí me placiese, incluso saltar desde un puente. Claro está
que eso no sería mi recompensa, sólo lo tomaría como un entretenimiento
mientras decidía darle fin a su vida.
Lamentablemente para ello necesitaba a
alguien dispuesto, alguien que trabajase más por instinto que por razonamiento.
Hace unos días hallé en esta ciudad el indicado, había escuchado rumores acerca
de un hombre lobo por lo que la idea me colmó de éxtasis. Sería una desgracia
que aquel lobo eliminase lo último que ata el alma de Andrei a su cuerpo…su
corazón.
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